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Capítulo I: De la jamás vista ni oída ventura y desventura del valeroso don Quijote con la ciberseguridad

Publicado el 06/06/2016, por INCIBE
Capítulo I: De la jamás vista ni oída ventura y desventura del valeroso don Quijote con la ciberseguridad

En un «lugar» de la Red de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que había una «venta» que no protegía debidamente su información, no utilizaba un «santo y seña» seguro, descuidaba sus agujeros de seguridad y no realizaba copias de su información más preciada.

-Amigo Sancho, sabed que proteger adecuadamente la información se considera parte integral y necesaria de cualquier venta, hacienda, castillo o empresa, por pequeña que sea. Sabed pues, que es por ello, que muchas empresas están implantando medidas de seguridad con muy diversos objetivos: porque es de ley, porque «cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar» y viendo los males propios o ajenos, bueno es protegerse no vaya a ser que ocurra algún mal irremediable. Que habiendo tantos malandrines y gentes de mal vivir por la Red, bueno es de guardar las puertas de las ventas, haciendas, castillos o empresas.

-Cierto es, en verdad, mi señor, pero independientemente de las razones para mejorar la seguridad, antes de implantar cualquier medida, sabed que es fundamental estar bien informado y estudiado, al igual que lo está el bachiller Sansón Carrasco que según dice el mismo: «uno debe estar concienciado y preparado para los lances que el devenir nos pueda acaecer»

-Mucha razón tiene el bachiller Carrasco, pues yo mismo le enseñe la necesidad de una buena protección. Fijaos en mi brillante y lustrosa armadura, pues cada parte de ella tiene función tal que sirve de defensa ante la mayoría de los ataques de gigantes, rufianes y otras gentes de mal vivir.

-Mostrad atención a mi escudo, pues con él adopto la necesidad de salvaguardar la información de cualquier venta, protegiendo su acceso con un «santo y seña». Un «santo y seña» o contraseña que debe ser robusta, difícil de adivinar por cualquiera y diferente según al servicio que se quiera acceder en la venta. Es importante, la necesidad de establecer unas buenas reglas de creación, mantenimiento y cambio de estos «santo y seña» para mantener protegida la información y servicios de la venta.

-Entonces, señor, digo yo que portar como porta vuestra merced la contraseña «dulcinea» gravada en el escudo, no cumple con lo dicho.

- ¡Pardiez! Sancho, no seáis mentecato, fijaos en mi larga y afilada lanza. Acordaos de la vez que protegimos a las buenas gentes del castillo, haciéndoles ver de la importancia de hacer copias de lo más importante, haciéndoles saber cómo las podían almacenar, cada cuánto tiempo la debían hacer, dónde almacenarlas y otras cosas que les resultaron de mucha utilidad. Con ello conseguimos garantizar la recuperación de su tan valiosa información en caso de destrozo por acción de algún malandrín o por descuido.

-Aún recuerdo, mi señor, que no era castillo sino venta, y que hubieron de poner a prueba su plan de restauración para poder recuperar su información tras los destrozos que les hicimos.

- ¿No escuchaste, Sancho? ¿No recordáis la vez que tuve que reparar mi peto y mi celada tras la lucha con gigantes en la venta? En verdad os digo que las reparaciones, los reajustes o actualizaciones efectuadas son muy importantes y nos previnieron de males mayores en posteriores batallas. Los parches y actualizaciones mejoran la seguridad de armadura. Es de gran importancia dentro de las normas que rigen la caballería, pues así permanecemos protegidos. ¿No es, acaso, cosa de los malandrines y gentes de mal vivir de la Red aprovechar los agujeros no reparados-a los que el bachiller Carrasco llama vulnerabilidades- para atacar ese punto débil? ¡Tapar y reparar estos agujeros son menester principal de la caballería!

Sancho queda reflexionando sobre las palabras que le ha contado su señor y le vienen a la memoria un dicho que le contaba su amada mujer: «Amor y deseo son dos cosas diferentes; que no todo lo que se ama se desea, ni todo lo que se desea se ama».

- Mi señor, lo tendré en cuenta para mi ínsula…

Continuará…

quijote

Es interesante darse cuenta de que pese al tamaño o actividad de nuestra empresa, somos víctimas potenciales de un atacante o de cualquier otro evento que haga que ponga en peligro nuestro principal activo: la información y, por tanto la actividad de nuestra empresa. Por ello, es importante estar alerta y protegerse antes de que algo ocurra.

Seguid los sabios consejos de Don quijote y Sancho Panza en su aventura.

¡Protege tu empresa!